¿Alguna vez se puso un zapato más pequeño y anduvo un buen tiempo con él?

Es una experiencia muy desagradable, pero si usted ve a una persona que lleva un zapato más pequeño no va a darse cuenta de esto, ya que en realidad solo el que lo tiene puesto sabe lo que está pasando.

Es una situación muy compleja y de verdad muy incómoda puede ser tanto así que uno comienza a tener mal humor, a no querer caminar, incluso a querer sacarse los zapatos.

Las personas siempre estamos en situaciones de dificultades y en verdad que a veces son tan complejas que nos es difícil explicarlas, los que ven de afuera no entienden lo que está pasando y tienden a hablar mal o a preguntarse ¿qué le está pasando a éste? Suele ser una experiencia como la del zapato.

No vamos a tener una perspectiva real de la vida mientras no aprendamos a entender lo que otras personas están viviendo.

Esto se debe a que si sólo estamos concentrados en lo que nos pasa a nosotros, esto no nos dejará aprender, ni mucho menos experimentar en la vida.

Es más no vamos a tener relaciones estables mientras no aprendamos esto. Nuestras amistades solo se basarán en tiempos buenos y cuando no estén estos van a derrumbarse. La Biblia lo explica de esta forma:

Proverbios 17: En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.

Ponerse en el zapato de otro es interesarse por aquellos que están sufriendo.

Ponerse en el zapato de otro aun cuando el nuestro nos apriete.

Ponerse en el zapato de otro es amar y demostrar amor.

Ponerse en el zapato de otro es servir para algo en esta vida.

Ponerse en el zapato de otro es perdonar aun cuando no debemos pedir perdón.

Las personas que pueden ponerse en el zapato de otro tienen una madurez y una sensibilidad la cual Dios va a usar.

Quienes se ponen en el zapato de otro son aptos para el servicio y quien no puede hacer esto no está capacitado para servir. Es así de simple.

Ponerse el zapato de otro está en los mandamientos vea que 6 de los diez tienen que ver con ponerse en el zapato de otro:

Éxodo 20:

12Honra a tu padre y a tu madre,

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No hurtarás.

16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

NO hagas a otros nada que los haga sufrir, aunque eso te de algún tipo de satisfacción.

Es decir que, no ponerse en el zapato de otro es en realidad ser un egoísta.

Para ponerse en el zapato de otro usted tiene que dejar de quejarse y mirar hacia afuera, no mire hacia adentro suyo, pare de sufrir usted mismo y podrá ver otros que sufren.

Ponerse en el zapato de otro es ser movido a misericordia. La misericordia es un sentimiento de amor extremo. Es decir en condiciones normales yo no amaría a una persona en esas circunstancias. Pero cuando la misericordia se apodera de mi entonces amo a esa persona no importando nada, es como un peso en la conciencia y estamos dispuestos a sacrificarnos.

Lucas 10:35 dice:

Al otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

El buen samaritano no había planeado este gasto extra, pero no pensó en eso, sencillamente se lanzó a ayudar a quien en realidad y en condiciones normales no era de su agrado.

Vió la necesidad de alguien que estaba sin ayuda, alguien que de verdad le necesitaba sí o sí.

Me da a entender este texto que en la vida no sé trata sólo de amar a Dios y darle todo a Él. Se trata más bien de hacer cosas que traspasan los cielos y se manifiestan en la tierra.

Si amamos a Dios sin amar a nuestros prójimos estamos incompletos.

Te animo a ponerte en el zapato de otro.