Un sepulcro me remite a una cueva, a un hueco en una formación rocosa y esto me trae a mi memoria la historia de David huyendo del rey Saúl, cuando dentro de una cueva, tuvo la oportunidad de matarlo y no lo hizo.

Sea cual sea la realidad de tu vida, está claro que la figura de un sepulcro no es agradable: simboliza muerte, oscuridad, tristeza, dolor. ¿A quién le gusta tener un sepulcro en el corazón?

Podríamos pensar que Saúl era la piedra que mantenía a David dentro de un sepulcro ¿Verdad?, y sin Saúl, ya no había piedra y sin piedra, no hay sepulcro. Recordemos la historia en 1º Samuel 24.

Vs. 3 y 4: David se encontraba arrinconado dentro de la cueva, huyendo, como si fuese culpable, como si fuese un ladrón. De pronto Saúl entra y queda a expensas de David, quién tiene la oportunidad de, a ojos humanos, acabar con el, quitar su piedra del sepulcro.

Son tantas las veces que me he sentido arrinconado dentro de mi cueva, huyendo de cosas que sé que no merezco, pienso, “si yo soy bueno, ¿porqué me pasa esto?” entonces, muchas veces son mis ojos humanos los que buscan la salida. A la mirada del hombre, Saúl estaba allí para morir en manos de David, sin embargo, David priorizó por sobre todas las cosas, la mirada divina, poder entender el propósito de Dios ante esa situación. Dios quería algo más para su vida, y matar a Saúl en ese momento, hubiera sido cortar esa bendición allí mismo.

O sea, que tenemos un punto para aprender de este hecho:

1º DEBEMOS OBSERVAR LA SALIDA DEL SEPULCRO A TRAVÉS DE LOS OJOS DE DIOS, NO LOS NUESTROS.

Vs. 6 y 7: David no fue el único en aprender de esta situación, tuvo la oportunidad de enseñar, otras personas estaban con él, lo seguían, y pudieron aprender del testimonio de David. Fue una oportunidad expansiva de la Gloria de Dios, no quedó solo para David, sino que otros capitalizaron enseñanza. Recuerda siempre: seguramente, hay personas observándote dentro de tu cueva, hasta incluso pueden estar acompañándote, o sea que:

2º TU ACTUAR, TU SALIDA VICTORIOSA DEL SEPULCRO DEBE SERVIR DE TESTIMONIO A LOS DEMÁS.

Vs. 8 al 15: David sale tras Saúl y se inclina, pone su rostro en tierra y argumenta a su favor. David comienza a quitar su piedra. Saúl era su rey así que merecía respeto, David lo demuestra. Es interesante observar cómo quitó David su piedra:

• Le muestra cómo las malas influencias de otros prevalecían por sobre la realidad que el mismo podía observar de David.
• Le recalca que JEHOVÁ lo puso en sus manos, David no se hace acreedor de lo que le corresponde sólo a Dios.
• Pone a Dios como juez entre ambos, deriva el problema al Señor, no busca el mismo su solución.

Es interesante notar que David expande la situación a otros, aparte de ellos dos: Saúl lo persigue por malas influencias, pero David actuaba correctamente, es Dios quién debe juzgarlos.

David conocía perfectamente lo que le correspondía a cada uno y derivó las acciones a quién correspondía. David no hizo la fuerza para quitar la piedra, fue Dios mismo quién la hizo.

3º PUSO EL PROBLEMA DE SU PIEDRA EN MANOS DE DIOS.

¿No has sentido muchas veces que no te quedan más fuerzas para luchar con tu problema, con tu piedra? Que por más que intentas e intentas no se quita? Entonces lamento decirte que estás haciendo la fuerza equivocada, porque Dios es el único que tiene el poder de quitarla. Si David hubiera matado a Saúl en primera instancia, sería haber quitado el mismo la piedra, y cargarse una mucho peor, la sangre de su rey, y sólo hubiese sido hundirse en un sepulcro mucho peor.

Vs. 20: Es maravilloso observar la Gloria de Dios en la vida de David. El mismo Saúl reconoce, a través de estos hechos, que estaba frente al futuro rey de Israel. La piedra fue quitada y para siempre, David salió de su sepulcro, de su cueva, no sólo en paz, sino con el reconocimiento de una victoria mayor.

Es hora de salir del sepulcro, de pedir al Señor una mirada espiritual para conocer la salida, es dejarle nuestra piedra en sus manos, de verdad, es dejar que Él haga la obra, es cuidarnos de los malos consejos que nos desvía la mirada de nuestro Padre, es salir, en victoria, no sólo con el gozo de la libertad, de respirar el aire fresco, sino camino a recibir más aún, porque cuando Dios te saca de la cueva, como a David, es para ponerte a reinar, sobre el lugar que te pertenece, Dios no es un Dios de cuevas y sepulcros, es un Dios de altos montes, porque fue en la cima del monte, clavado a una cruz, donde venció realmente a la muerte, no dentro de un sepulcro.